domingo, 16 de septiembre de 2007

Anècdotas de un Metro viajero (parte uno)

Desde hace como dos meses me convertì en usuaria habitual del Metro. No es que no lo usara antes, de hecho en los veinte y pico años que tiene el sistema he acumulado viajes, empujones y cuentos como para llenar pàginas enteras de este blog.

Pero desde hace dos meses y pico lo uso a diario. Desde que mi sister, que manejaba el carro, se auto exilió a España, optè por usar el Metro.

No, no sólo yo no manejo, sino que no quiero hacerlo. Con la locura que es el tráfico en Caracas? Ni pensarlo. El Metro no es que se muere de maravilloso, para ser sincera es un caos, pero entre dos males (la Panamericana màs la Valle Coche en horas pico vs. el Metro....pos me quedo con el Metro. De hecho tengo una tarjeta de Autoescuela delante de mi vista mientras escribo y no la he querido usar. No es tanto el costo. Sigo sin verle la ventaja a tomar el volante). Eso es justo lo que quiero contar acà, un tanto a mi manera.

Tomar dos lìneas diarias (la dos y el Metro de Los Teques, que no màs funciona con dos trenes y una vìa) hace que una acumule cuentos y experiencias. Algunos de los mìos?

1. Las horas pico. O el caos total. Las Adjuntas a las siete y media es el propio caos, obviamente. Aùn siendo de las pocas estaciones que se puede manejar con dos andenes, al ser estaciòn terminal, es caòtica desde mucho antes de que pusieran a funcionar el Metro de Los Teques. Obvio que ahora es peor cuando llega ese bululù de gente corriendo por las pasarelas. El asunto se pone hasta peligroso. Yo lo obviè desde que evito ir por la escalera delante de los caballos. O se va atràs, aùn cuando pierda mi tren del Metro, o me doy la recorrida del siglo por la pasarela que va a las oficinas del Metro en Las Adjuntas. Es màs recorrido, pero uno corre menos riesgos de morirse atropellada. Igual he pasado las mìas: ando con una lesiòn en el tendòn de Aquiles del pie izquierdo de una mala pisada por una pasarelita de esas una noche vìa metro Los Teques que presumo se aliviarà en un siglo.

Lo divertido del asunto es que a las ocho de la mañana los tercios del Metro comienzan a retirar trenes del "Servicio comercial" lo que genera un evento mañanero, diario y bastante patètico, sobre todo para quienes tenemos la desgracia de aguantarlo.

Adivine què tren va a cargar gente.

Yo tengo la impresiòn de que a veces los operadores se divierten jugando con los usuarios y por eso permiten que la gente corra como loca de un lado a otro. De otra manera no se entiende el jueguito y que no avisen un rato antes, para que los pobres usuarios no corran de un andèn a otro. Hasta que no me aprendì el truquito, tambièn corrìa. El mìo es bàsicamente èste:

1. Despuès de las ocho los trenes siempre salen por el andèn de afuera. Fijo.
2. Si acaba de salir un tren, fijo: el siguiente no va a prestar servicio.

La ùnica vez que eso se alterò fue cuando chocaron dos trenes en Plaza Sucre, primer choque de trenes en 25 años. Prefiero no comentar el grado de responsabilizar a los encargados de este servicio dedicados a cosas màs polìticas y menos de seguridad. Ahì no sòlo todas las lìneas se retrasaron a mil, sino que cargaban los dos andenes.

2. El concierto. Mensajes a los que nadie hace caso. Lo importante es subirse en el tren como sea.

"Se les recuerda a los señores usuarios que no deben pasar la raya amarilla sino hasta que el tren se detenga y abra sus puertas. Recuerde que la raya amarilla es el lìmite de su seguridad"

Pero que a veces es màs fàcil pasar por el pedacito negro entre la raya amarilla y la vìa que atropellar a algùn imbècil que intenta hacer cola. Peligroso es, obvio. Corre usted el riesgo de incrementar la lista de electrocutados por la vìa que aparte de achicharrarlo, trancarà màs el Metro de lo que ya està.

"Se agradece a los señores usuarios permitir el cierre de las puertas"

Què le puedo decir. Acà se acumulan varias cosas.

1. Los imbèciles que entran al tren, se bajan en al menos ocho estaciones posteriores....pero se quedan pegados como chicle a la puerta.
2. Mismos anteriores, pero cargados con bolsos, cajas, maletas, morrales hiper llenos y cualquier otro trasto que se le ocurra.
3. Los empecinados que saben que no entran ya en el tren, y que visualmente, de verdad no caben a menos que se paren sobre las piernas de algùn afortunado sentado, pero no importa. Empujan a quien sea con tal de entrar. Plus: el que se tira desde las escaleras y le pone el pie a la puerta cuando se està cerrando para que lo dejen entrar. Conste que no es chiste. Lo vi en Plaza Venezuela no hace mucho.
4. Los que no van pendientes de su salida, con lo que se dedicaràn a atropellar gente como histèricos cuando se dan cuenta de que la estaciòn a la que acaban de llegar era justamente su destino,
5. Los vivales que tocan la alarma del tren, destinada UNICAMENTE a emergencias, para lograr que el operador abra de nuevo la puerta y dejar pasar a algùn amigo/familiar medio adormilado que se quedò fuera del tren.

En fin. Comencè con intenciòn de escribir cuatro lìneas, èsto se va a alargar a medida que mi memoria saque cuentos....asì que lo continuarè pròximamente. Que bastantes loqueras...pero muy reales quedan en mi mente.

Saludos,


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