lunes, 1 de octubre de 2007

Crónicas de aburrimiento en la oficina....


Lunes y ya Octubre.

Da como que terror pensar que a partir de hoy lo que queda es casi nada para la Navidad: ya màs de uno estarà pensando como financiar los regalitos de la època y el whisky (por mucho que el Comandante de oficio se desgañite gritando, no le va a cambiar el gusto a nadie. Y acà seguirè viendo tomar whisky por los siglos de los siglos, amèn) Deberìa buscar los muñequitos que conseguì el año pasado por un Farmatodo y comenzar a sentir algo de espìritu prenavideño (y comenzar a pensar seriamente en pedir el que en estos dos últimos años se ha convertido en mi regalo de navidad particular predilecto: Otra temporada de mi ultra adictiva y querida 24. Me importa un soberano bledo el cuento chino del imperialismo que esta temporada destila a gritos en su caràtula. Me querer mi sexta temporada!)

En fin.

Ando en mi cubìculo al mejor estilo Dilbert. Lo ùnico bueno, es que es un cuasi privado sitio donde nadie puede venir a averiguar si lo que escribo es algùn informe o mi enèsimo post en este blog, pero con el ala lo suficientemente baja para curiosear quien entra y quien sale (y de paso, es ùtil para cambiar de ventana en la computadora ante visitantes inoportunos).

Este negocio hoy es un horno. Me vale la ventana abierta. Desde hace semanas el servicio congelatorio de aire acondicionado dejò de funcionar bien y se despidiò, aparentemente, por una larga temporada. Supuestamente van a arreglarlo, pero ya van varias semanas. Y bueno....Los dìas de sol en la tarde se hace insoportable. Vale la brisita que entra por la ventana.

Tener una ventana tras la espalda tiene sus ventajas: me niego a usar la persiana y permito que la luz solar entre a raudales. Al carajo con el brillo de la pantalla de la computadora. Es monitor plano, asì que la puedo variar de sitio si quiero. El solazo que hace hoy reanima mi cansado espìritu al menos. He debido irme de vacaciones hace rato, pero acà sigo echàndole un ojo a resultados de un inventario desastroso de hace par de meses atràs que es lo que sigue impidiendo mi escapada por una semana de la oficina.

Estoy sin casi hambre aùn gracias a una esotèrica pastilla de la que aùn desconozco su efecto real, salvo el que mi habitualmente malcriado estòmago ha calmado sus impetus hambrientos y de estrès permanente por que le pase algo. Al menos el viernes no sòlo descubrì....(bueno. Algo sabìa, sospechaba y demàs.) Que tenìa a juro que haber subido de peso. El estrès a mì me pega por la boquita. Y como ùltimamente me estreso por cualquier barrabasada, pues. Sino que mi madre nunca se da cuenta de cuàndo ando yo estresada. Que tampoco es que me quema las pestañas. Hace demasiado rato que aprendì a disimularle mis propios líos. Idem que los disimulo acà en la oficina. Oficialmente suelo ser una tipa calmada que se procura desestresar a su manera. A veces sale mal. Estos meses ha salido fatal. Pero, ni modo. Tampoco es que me voy a crucificar.

Estoy harto aburrida de revisar inventarios. Que bueno, para eso me pagan, pero como fastidia a veces. Resulta muy monòtono a veces para una mente tan locamente corredora como la mìa. El Kiefer de mi cartelera (lo vieron, està en uno de los post anteriores) sonrìe. A èste en particular no lo sancionan por manejar borracho. Y esa sonrisa a medias suele iluminar el aburrimiento. Esa foto mantiene una de mis tradiciones màs divertidas en la oficina: "adivina cuàntos en realidad no ven televisiòn y cuàntos no ven lo que tù ves en televisiòn"

No, no me malentienda. No me disgusta mi trabajo. Podrìa ser menos monòtono a veces, pero es lo que hay. Me gusta la gente, me gusta el cubìculo esotèrico èste, me gusta tener algo de privacidad a esta hora, no me disgusta para nada el jefe y me gusta el cafè. Solo que a veces la mente vuela. Me da sueño, y entonces comienzo a pensar en tonterìas. Decididamente, necesito unas vacaciones, pero entonces temo que me pase la semana escribiendo neuròticamente un montòn de cosas que hace rato me rondan la cabeza, y entonces dejarè las actividades, supuestamente importantes que he de hacer hace rato y que siguen bajo el manto del diferimiento perpetuo. Uno no deberìa ordenar nada: deberìa limitarse a tirar las cosas a la basura y punto. Nada de arreglar esotèricos papeles que nunca serviràn para màs nada. Nada de coleccionar viejas cosas que sòlo se empolvan y se convierten en algo de diversiòn para las polillitas. Pero el afàn coleccionista a veces me pierde.

He perdido la cuenta de los libros pendientes por leer, las revistas a medio camino, los arreglos que nunca harè....todo por dar cuenta de las ganas de escribir. Y las ganas de diferir. Quisiera no estar en este sitio, pero si estoy, dejarè que mi alma se despache de vez en cuando. Para eso es este computador....y para eso es este blog tambièn. Tal vez un dìa queme lo que no use. No por egoìsmo de que otro no lo comparta: sino por evitar, igual que mi estrès y mis preocupaciones hacen lo posible por no aparecer, que alguien pueda descubrir las profundidades del corazòn. Quizàs sea demasiado egoìsta. Pero es lo que siento. Un dìa, quizàs, abrirè las compuertas.

Saludos,




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