martes, 30 de octubre de 2007

No todo es color de rosa con Hugh Laurie tampoco...


Decididamente, ser una estrella de un programa famoso de televisiòn no es precisamente, color de rosa. Màs si eres la base sobre la que descansa tu programa.

Ya he contado en este blog el caso de Kiefer Sutherland, sometido a la presiòn de ser la estrella de 24 y que lleva eso bebiendo (con todas, lo que le ha traìdo el problema que lo llevarà a prisiòn en Diciembre) Ahora el relato de las terribles presiones y la dificultad para afrontarlas toca a otra superestrella de su programa: Hugh Laurie, el archifamoso y sarcàstico Dr. House de la serie homònima.

Y no, el problema no es llevar un bastòn sin necesitarlo.



La semana pasada, varios medios del espectàculo se hicieron eco de una sorpresiva nota segùn la cual el actor habìa hecho un viaje a Londres (donde reside su esposa e hijos. Hugh tiene tres hijos: Bill, Charlie y Rebecca) el jueves pasado en horas de la tarde. La productora (Universal Media Studios) no hizo mayores comentarios, atribuyendo la ausencia del actor a "urgencias familiares", indicaron que se seguìa trabajando en la producciòn de la serie, y que Laurie se reincorporarìa a sus labores el lunes 30 (anteayer)

Sin embargo, una entrevista al actor que apareciò el domingo pasado en el Daily Telegraph de Londres, indicò que Laurie habrìa dicho que sufre de depresiòn crònica y que se ve periòdicamente con un terapeuta. Mucho de su problema estarìa relacionado con lo que extraña a su familia (Hugh reside en Los Angeles mientras la serie filma, y viaja a Londres en vacaciones y feriados para estar con su esposa e hijos) pero otra parte estarìa relacionado con el agotamiento que le produce la filmaciòn de la serie, que le pide 14 horas diarias por 5 dìas a la semana.

Laurie admite que le cuesta mucho relajarse, que no puede dejar de pensar en el trabajo y que es demasiado neuròtico con su papel. Està convencido de que es un desastre y que comete infinidad de errores (y no es falsa modestia!) y se culpa por ellos permanentemente. Por ello no puede relajarse ni, simplemente, disfrutar su trabajo.

Sin embargo, èl piensa que èsto no està relacionado con su depresiòn. Se tratarìa, segùn èl, de supersticiòn. Hugh no cree en Dios, pero dice que si existe èl o el destino, si crees que algo està saliendo muy bien, te lo quitan. Es, dice, que dirìa que "crees que todo va bien? entonces te enviaràn un desastre"

Hugh indicò tambièn que cuando le dieron el primer guiòn de House, no creyò que la serie funcionarìa. Pensò que se divertirìa por tres semanas y volverìa a Londres, dado que pocos Pilots son elegidos y de èstos muy pocos pasaràn el segundo año. Por lo que aùn le resulta difìcil de creer que House ya va por tres años y medio de trabajo.

La nota de The Daily Telegraph:

HUGH Laurie is at odds with a line in the script. Oblivious to the cast, crew and occasional visitor, Laurie's lithe frame paces through the rooms of the fictitious Princeton-Plainsboro Teaching Hospital, home to his cantankerous, albeit brilliant, small screen alter ego, Dr Gregory House.

Hand on chin, deep in thought, Laurie eventually expresses his concerns to writer Eli Attie.

Their discussion is brief, the line cut, then Laurie returns to filming.

This is the intensity with which Laurie works; an intensity that has helped House achieve global success - but also leaves him tired.

"I can't switch off,'' the 48-year-old later tells The Sunday Telegraph. "I'm always thinking about the show. I'm too neurotic and anal and too convinced we're going to fail to relax.

"Every show we do is a disaster, I'm convinced of it. I go home and my head is full of all the mistakes I've made.''

Given the accolades and acclaim attached to the series and Laurie's deft portrayal, such words seem strange.

While he continues to periodically visit a therapist in an ongoing battle with "mild depression'', Laurie doesn't view his professional pessimism as a by-product of the illness.

"No, I don't think it is part of that,'' he says. "I'm aware of the fact it's a bit weird. It's partly a superstition.

"I don't believe in God, but I have this idea that if there were a God, or destiny of some kind looking down on us, that if he saw you taking anything for granted he'd take it away.

"So he'll be like: 'You think this is going pretty well?' Then he'll go and send down some big disaster.''

On paper, Laurie's words read as those of an extreme pessimist but each sentence is punctuated by a wry smile.

Admittedly "drained'' - his role demands 14-hour days, five days a week - Laurie is devoid of the TV industry's false sincerity and smiles.

On the subject of his family, he describes the distance dividing them as an ongoing struggle.

While he maintains a small Los Angeles apartment, his wife, Jo Green, and three children keep the family home in London.

"It wasn't a massive move when I first considered (doing House). What usually happens is you do a pilot and of the very few picked up, only about a quarter go to a second year.

"So I thought I'll have three fun weeks. I never dreamt I'd be here three-and-a-half-years later.

"But I do go back and forth as much as possible, as do my wife and kids.''

As if sensing that his words are morose, Laurie quickly restates his enjoyment in the title role.

"House is likeable. Not because he's morally good, but there's something about American television that it always has this really aspirational element, that we can better ourselves or aspire to be good morally. I think often that doesn't make for good drama.''


Fuentes:

US Magazine

Daily Telegraph



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