viernes, 7 de diciembre de 2007

Laureano Màrquez - ¿QUIÉNES SOMOS? ¡Estudiantes! ¿Qué queremos? ¡Libertad!

El artìculo de esta semana de Laureano està tan genial que no puedo resistir la tentaciòn de agregarlo. Llevo tres semanas consecutivas colocàndolo acà y hoy està demasiado bueno para no seguir la racha.

Idem, Laureano....Feliz Navidad!

Una de las cosas de este maravilloso tiempo que vivimos es que nos ha devuelto a todos a las aulas. Nunca un pueblo había aprendido tanto en tan poco tiempo, conducido por gente tan joven: Aprendimos que la fuerza de la convicción no tiene límites. Que uno no está perdido hasta que, efectivamente, se ha contado el último voto. Y que ni aun así, porque la derrota es cosa de espíritu más que de urnas electorales.

Pero aprendimos también que nunca hay verdadera victoria si en ella no ganan todos. Que es de gente grande y noble incluir, desterrar la intolerancia, aprovechar un triunfo para decirle al –supuestamente– derrotado, que también para él y que, probablemente, muy especialmente para él, es esta victoria.

Aprendimos que todo tiene su final y nada dura para siempre, que la fecha de vencimiento de los productos contribuye a la salud colectiva. Aprendimos que un lunes en la mañana cualquiera, cuando uno dice "buenos días" puede estar queriendo decir exactamente "buenos días", quizá por primera vez en nueve años.

Aprendimos que hay gente tan impresionable que impresiona.

Aprendimos que el camino es largo y duro.

Aprendimos que la gente puede cambiar de opinión y que a la hora de las chiquitas los pueblos no se auto-suicidan.

Aprendimos también que hay gente que no aprende nunca.

Aprendimos que la Navidad sí existe, por mucho que Ebenezer Scrooge se dé a la tarea de acabar con ella.

Aprendimos que cuando el adversario se empeña en meter la pata, hay que dejarlo tranquilo.

Aprendimos que es verdad lo que ya sospechábamos desde niños: que los reyes traen buena suerte.

Pero sobre todo, aprendimos que unos jóvenes con coraje y dignidad, con lucidez y virtud pueden conducirnos por el camino de la esperanza, pueden devolvernos la fe en la patria y el sueño de un país mejor para todos.

Por eso, a la hora de reconocerles su participación en todo este proceso, hago mías las palabras con las que Renan saludó la develación de la estatua de Spinoza en Amsterdam: "¡Malhaya quien al pasar insulte a estas cabezas amables y pensativas! ¡Que sea castigado como son castigadas todas las almas vulgares, con su misma vulgaridad, por su incapacidad de concebir lo que es divino!" A ustedes, estudiantes, muy especialmente: ¡Feliz Navidad!



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