miércoles, 20 de febrero de 2008

Gustavo Dudamel en 60 Minutes (CBS): Gustavo the Great




Un programa norteamericano (60 Minutes) recientemente hizo un perfil del director venezolano Gustavo Dudamel, al que no vacilaron en llamar "Gustavo, el grande" por sus habilidades como director musical. Nuestro chico barquisimetano, de 26 años, al que no le escatimaron el màs mìnimo de los elogios. Increìble pero cierto en una televisiòn gringa que cada vez que habla de latinos es para mal.

Y genial para nosotros que ya como que estamos cansados de oìr hablar mal de Venezuela por el mundo...ya saben por efecto de quien.

El artìculo es de CBS News, que lo transcribiò en su web y de paso aportò un video que pueden ver acà (no sè por què no me està dejando poner el video directo. Puedo ponerlo en vista previa, pero por alguna razòn no me deja ponerlo en el post final). La traducciòn, por una vez, no es mìa: le corresponde a Noticias 24, medio del que la tomo en su totalidad y la dejo íntegra tal como ellos la colocaron. Gracias a Dios que la tenìan, porque de verdad me apetecìa poner èsto en contraste con la ladilla diaria del gobierno, el PSUV, el gafo de Tascòn y la habladera de necedades sobre Globovisiòn, pero no estoy con mucho tiempo esta semana. La foto tambièn es de Noticias 24.

Aparte de su cabello, lo primero que uno puede percibir en Gustavo Dudamel es la alegría, la exuberancia, la pasión, la energía, con las que conduce. El cabello rebota, los brazos vuelan. Es un hombre poseído, que conduce a Beethoven pero bailando un ballet. Ver a Dudamel dirigir es cautivante, y las audiencias en todo el mundo no tienen bastante de él. Pero no crean que es un talentoso recién-llegado. A pesar de su juventud, Gustavo se ve a sí mismo como un veterano.

“No soy tan joven”, dice, “tengo 26″.

“Eres un anciano”, comenta Simon.

“Soy un hombre muy viejo”, dice Dudamel riendo. “Sabes, me siento así, yo comencé a dirigir orquestas a los 12 años”.




Pero Dudamel dice que no es cierto cuando lo describen como un niño prodigio, un genio. “Creo que tengo mucho que aprender, mucho. Creo que estoy comenzando”.

Gustavo explotó en la escena internacional en 2004, con mucho menos cabello pero igual energía. Era uno de los 16 invitados a competir por el Premio Mahler, la competencia más prestigiosa del mundo para jóvenes directores. Y la ganó. Uno de los jueces era el director de la Filarmónica de Los Angeles, quien tras ver a Gustavo, llamó a su jefa en Los Angeles, Deborah Borda.

“Me dijo, acabo de ver al joven director más impresionante. Es un muchacho venezolano de 24 años, apenas habla inglés. Y Deborah, es un verdadero animal de la dirección“, recuerda Borda, riendo.

Fue el principio de un fenómeno global conocido como la Dudamelmanía. Diarios y revistas comenzaron a reportar todos sus movimientos, y una compañía alemana (Deutsche Grammophon) firmó un contrato de grabación con él. Lo buscaron para dirigir orquestas en todo el mundo, y hasta el Papa le pidió una actuación. Pero el mundo musical quedó de piedra cuando la Filarmónica de Los Angeles lo contrató para ser su próximo director musical.

“Creo que existe una atmósfera para que él realmente cambie la historia musical”, dice Borda. “Gustavo tiene una habilidad de comunicar lo apasionado y lo vital de la música en una manera muy propia del siglo XXI”.

Y no hay mejor lugar para mostrar sus habilidades que en Lucerna, Suiza, hogar del festival de orquestas más reverenciado del mundo.

Gustavo estaba en la ciudad con su esposa Eloísa para dirigir la Filarmónica de Viena. Entre los ensayos, se recluía en la habitación de hotel para estudiar la partitura de uno de los performances más importantes de su vida.

“¿Es la primera vez que diriges a la Filarmónica de Viena?”

“Es mi primera vez con la orquesta de verdad. Yo la dirigía cuando era niño”, dice Dudamel.

“¿En tu imaginación?”.

“Sí, en mi imaginación. Recuerdo cuando tenía 6 años, dirigir este concierto en mi casa. Pero ahora es real“, explica.

Todo director sabe lo que quiere de una orquesta y es su trabajo conseguirlo. Así que aquí estaba este chico venezolano diciendole a los músicos de la venerada Filarmónica de Viena, muchos de los cuales tienen edad para ser sus abuelos, que lo que él quería de ellos era ¡sangre!.

“Está bien, pero no sale sangre. Ya saben, están matando bien, muy salvajemente, pero sin sangre. Tienen que tener la sangre en la cara”, BAM! BAM! BAM!. “Ahora sí tenemos sangre, ¡mucha sangre!”, les dijo.

“Cuando diriges, te ves como transportado. ¿Puedes describir qué pasa por tu mente?”

“Depende de cómo me sienta. Puedes hacer diferentes imágenes de lo que está pasando, pero siempre es diferente”.

Gustavo no se conforma con sus manos para decirle a la orquesta cómo quiere que ellos toquen. El les dice a los músicos cómo quiere que se sientan.

“Esto es hermoso, pero es como que le dicen a alguien: ¿Sabes qué? Te amo, te quiero besar. No. Es algo como que le hablan muy de cerca, y dicen: “Te amo!” y ella dice “Oooh, sí!”. Lo estamos diciendo a ella, o a él, en una voz normal y necesitamos convencerla para llevarla a la Iglesia”.

El performance fue un éxito y puso a sus pies hasta a los taciturnos suizos. Cuando terminó, el niño prodigio estaba exhausto.

“Esta fue una gran fiesta, me siento muy feliz. Tengo más energía ahora”, dice Dudamel a Simon.

La fiesta continuó en el camerino de Gustavo con Daniel Barenboim, celebrado director y virtuoso pianista, y uno de los mentores de Gustavo. Barenboim le daba consejos: “Renuncia, hazte zapatero, carpintero, plomero, pero no dirijas”.

Al preguntarle si estaba nervioso por Dudamel, Barenboim dice: “No, no, él sabe lo que está haciendo. El sabe lo que quiere, y sabe cómo conseguirlo. ¿Qué más puedo decir? Espero que en los EEUU no lo malcríen”.

¿Malcriarlo, en un lugar como Hollywood? De ninguna manera.

La junta directiva de la Filarmónica de LA le ofreció una fiesta a los Dudamel en una casa que podía ser un parque temático para los ricos y los super-cool.

“Estamos lejos de Barquisimeto, ¿no?”, pregunta Simon. “Lejos, pero ha sido un camino maravilloso”, responde Dudamel.

Barquisimeto está a 3,500 millas y muchos mundos de distancia de Los Angeles. Allí nació y se crió Gustavo. Su padre era trombonista en una banda de salsa.

Dudamel dice que “absolutamente” quería tocar el trombón, “pero mi brazo era muy corto. Me puse muy triste por eso, y empecé a estudiar el violín. Locura”, dice.

Gustavo estaba aún estudiando el violín cuando 60 Minutos lo conoció hace 8 años, pero ya comenzaba a hacer la transición hacia la conducción. Estaba un poco nervioso, admite, pero tenía el pulso firme.

Estaba en un programa musical, que es una innovación venezolana. Se llama El Sistema y toma a los niños -un cuarto de millón de niños- casi todos de barrios pobres, y les enseña a tocar instrumentos. Esto llevó a cientos de orquestas juveniles a aparecer por todo el país.

Pero el sistema es menos programa musical que un profundo movimiento social que saca a los niños de las calles y los aleja del crimen, las drogas y la desesperación.

“La música me salvó, estoy seguro. Con tantas cosas malas a tu alrededor, estás expuesto a estas cosas muy de cerca. La música me dió una forma de alejarme de ellas”, dice Dudamel.

Gustavo y Eloísa regresan a Venezuela cada vez que pueden. Cuando está en su ciudad natal Barquisimeto, ¿dónde pasa el tiempo? Con una de las orquestas que ha dirigido a lo largo de la última década. Aquí está el animal de la dirección, de vuelta en su hábitat natural, el sistema juvenil de orquestas de Venezuela.

Los mejores músicos del sistema conforman a la Orquesta Nacional Juvenil Simón Bolívar. Se estaban preparando para su primera gira en los EEUU, todos tienen menos de 25 años.

Su primera parada en la gira fue el Disney Hall en Los Angeles. Este escenario será de Dudamel cuando tome el control de la Filarmónica de L.A. en 2009, pero mucho de su trabajo será fuera de escena.

“Comenzaremos un proyecto con jóvenes de comunidades pobres de Los Angeles, como en Venezuela”, dice.

Cuando se le pregunta si se siente como embajador del “sistema”, Dudamel dice que “sí, en una buena forma. Creo que no es Gustavo Dudamel, es el sistema venezolano”.

Miembros de la orquesta asistieron a las escuelas de la ciudad para enseñar a los niños de California de qué se trataba el sistema venezolano. Esa noche, le mostrarían a todos.

“¿Qué quieres que la gente en la audiencia vea, escuche y sienta?”, pregunta Simon.

“La alegría de tocar música. Se lo enseñaremos a la gente. Y la gente verá que puedes cambiar la vida de las personas con música“.

La música de esa noche valió la espera. Fue compuesta por Leonard Bernstein, otro niño prodigio con el que a menudo comparan a Gustavo. Si nunca has escuchado a Dudamel hacer música, recuerda en los años por venir que lo viste primero en 60 minutes.


Saludos,




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